Marsella, Francia, año 2135. La gran corporación Boyuna ofrece a sus visitantes la posibilidad de habitar los ecosistemas que algún día existieron. Las habitaciones llenas de pantallas son ahora el río Amazonas, la selva tropical y las guacamayas que cuelgan de las copas de los árboles. Esta empresa ofrece a sus clientes la posibilidad de escapar, de sumergirse en esos sueños que tanto atormentan: aquellos que recuerdan ese mundo que ya no existe.
Boyuna es el resultado de la imaginación de las personas privadas de la libertad en la cárcel de Baumettes, en Marsella, quienes, en colaboración con el director Guillermo Quintero, transformaron el laboratorio de imagen de la prisión en un experimento. Este cortometraje habita la línea delgada entre la ficción y el documental, pues contiene en este futuro (im)posible imágenes de archivo de la selva, el río, el agua y los animales. Nos permite soñar lo que ha desaparecido e, incluso, lo que no está permitido para las personas que crearon este documental. Boyuna es una ventana, pero quizás también un espejo, una escapatoria, o simplemente un ejercicio de imaginación.