En la fría monotonía de una penitenciaría, el tiempo se mide en rejas y silencios. Sin embargo, un grupo de personas privadas de la libertad ha encontrado una rendija de libertad a través de un colectivo que busca convertirse en una escuela de cine interna, con la que ya han dado vida a un cortometraje y un videoclip.
Actualmente, el colectivo se enfrenta a su desafío más emotivo: finalizar su primer ejercicio documental. La obra que intentaba retratar a un hombre ciego y locutor de radio que, paradójicamente, ya ha salido en libertad, dejando atrás su voz grabada en un disco duro, transformó la idea inicial y la historia; el proceso documental se termina cruzando con las reflexiones del grupo sobre su propio encierro, la luz y la sombra que puede significar el estar allí y la necesidad vital de crear. La cámara registra no solo las voces del encierro sino la esperanza de libertad de cada uno de ellos.













