Pacho salió de su pueblo por hechos violentos hace más de 50 años y nunca pudo regresar. Al ver una vieja fotografía que se parece al último recuerdo que guarda de su tierra, siente el deseo de volver y encontrarse con los que allí dejó. Ante la imposibilidad de hacerlo, inventa un regreso imaginario para reencontrarse con su historia y sanar las huellas que la violencia dejó en su vida.
En ese pueblo que parece solitario, lo reciben unos rostros que lo han estado esperando. Desde el pasado, con sus miradas, lo acompañan a recorrer las calles. Mediante el juego y la imaginación, Pacho le da vida una imagen de archivo de hace 70 años, la misma que se convirtió en símbolo inaugural de la violencia en Colombia. En su retorno imaginado, la fotografía se transforma en territorio vivo y la imaginación en un acto de resistencia y sanación, frente a un trauma colectivo de un país entero que ha plasmado su violencia una y otra vez en una misma imagen.










