Sinopsis

Detrás de los ojos de Lolita hay un velo que ciega sus palabras. Es el recuerdo de una infancia que, aún en la vejez, le oscurece la vista y no le permite escapar. Cuando habla me parece intuir, por el eco de las historias que repite, un mundo espectral de hambre, abandono, el estigma social de una madre soltera, la magia del Río Magdalena y todas las ilusiones y demonios de esa niñez.

En la película, Lolita recuerda su infancia en la ciudad de Honda, Tolima. A medida que explora ese recuerdo, el acto de recordar y recrear estas historias se convierte tanto en una ventana como en una barrera hacia el mundo que existe detrás de sus ojos. Así nos va llevando por un cuento de hadas en blanco y negro brumoso, manchado y lleno de grano, hacia el asombro y el miedo de una niña.

Lolita en HondaLolita en HondaLolita en HondaLolita en Honda
Afiche de Lolita en Honda

Reseña

El miedo puede llevarnos por la vida como el río arrastra a las piedras, sin dirección, hasta ocasionarnos la irresistible necesidad de estar siempre férreos, protegidos, negando el pasado y la pérdida de quienes alguna vez fueron refugio. Esto es lo que explora, a través de imágenes rotas y un montaje cargado de memorias, «Lolita en Honda». Lo hace desde una propuesta poco convencional, en la que las formas fragmentadas de la remembranza intentan reconstruir aquello que la familia ha aprendido a callar.

La infancia aparece entonces no como un lugar al que se pueda regresar, sino como uno que continúa sucediendo en nosotros: en los gestos, en los miedos, en las maneras de querer y en aquello que heredamos sin saberlo. La familia se convierte en una especie de cauce que nos lleva consigo, incluso cuando creemos haber aprendido a nadar en dirección contraria.

El mal ocupa también un lugar particular en esta memoria. El diablo aparece no como una figura lejana, sino como algo que puede adquirir el rostro de aquello que nos resulta más próximo: la casa, la familia, los afectos y hasta la pobreza. Así, el miedo deja de ser únicamente aquello que amenaza desde afuera y comienza a confundirse con lo que conocemos demasiado bien. Lo demoníaco no necesita cuernos ni infiernos; puede habitar en la intimidad y crecer junto a nosotros.

La experimentación de la película acompaña esta idea. Las imágenes deterioradas, las reconstrucciones y las distintas formas de representar a una anciana y sus heridas hacen que el pasado nunca termine de presentarse como una verdad estable. Todo parece susceptible de transformarse, como ocurre con las historias cuando pasan de una generación a otra. La memoria deja de ser un archivo y se convierte en una materia que evoluciona cada vez que intentamos tocarla.

Y allí reside la inquietud que deja «Lolita en Honda»: en descubrir que aquello que más tememos no siempre viene de un lugar desconocido.

Muchas veces tiene nuestra propia voz.

Por Juan Aref

Daniel Torres

  • Colombia
  • 2025
  • 61 min
  • Producción: Manuel Ponce de Leon
  • Fotografía: Daniel Torres
  • Sonido: Antonio Ponce de Leon
  • Montaje: Daniel Torres y Cesar Jaimes

Trailer

Funciones

  • 29 de octubre / 9:00 HAuditorio Salmona, Centro Cultural Gabriel García Márquez
  • 4 de noviembre / 17:00 HSala Capital, Cinemateca de Bogotá

*Con presencia del director

Daniel Torres

Daniel Torres

Estudió Arquitectura en Cornell University, donde se graduó en 2014 con el proyecto de tesis «Burn After Viewing». En 2019 hizo «Superficies» en el laboratorio Desde el Río de Residencias Walden. Su trabajo explora manifestaciones de la memoria a través del espacio y la materialidad usando procesos análogos en 16 mm y participando de procesos de cine comunitario, especialmente con la Fundación Arcupa. Ha diseñado e impartido varios talleres de cine expandido y desde el 2024 ha estado acompañando el proyecto Retorno de Yuruparí de Proimágenes como tallerista de los talleres «Remontar» y «Recetario».

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