En 1980, Ricardo Rifo, un campesino de una zona remota del sur de Chile, fue instruido como adiestrador de perros policiales por Ingrid Olderöck, la mujer más poderosa de la policía secreta de la dictadura cívico-militar chilena (1973-1990). La exagente —quien murió en 2001 en total impunidad— es recordada por los violentos métodos de tortura sexual que llevó a cabo en centros de detención, donde utilizaba a su perro sobre los cuerpos de los presos políticos.
Cuatro décadas después, el campesino, acompañado por una jauría de perros en medio de un paisaje intemporal, tan inhóspito como devastado, deambula entre la dificultad de las palabras y la imposibilidad de expresar el horror.
«Lengua muerta» reflexiona sobre la matriz de la memoria en tiempos de sospecha, amenaza y muerte, frente a las secuelas del régimen en un país cuyo lenguaje ha sido mutilado.







