¿Qué pasa cuando nuestro cuerpo se convierte también en una fuente de dolor? ¿Cómo hacemos de él un lugar que podamos volver a habitar tranquilamente? «No es una herida» se acerca a tres mujeres que conviven con endometriosis, VPH y síndrome de ovario poliquístico para explorar la relación entre enfermedad, cuerpo e identidad.
En el cortometraje, las voces protagonistas conducen el relato desde experiencias personales que revelan distintas maneras de enfrentarse a un cuerpo que no solo carga con la enfermedad, sino también con los estigmas, las expectativas y los imaginarios asociados a la sexualidad femenina, a los roles de género y a la maternidad.
Aquí la cámara se vuelve un testigo cauteloso y respetuoso, abrazando los cuerpos diversos con naturalidad, sin asedios, y prestando atención al relato sin prejuicios. Esa delicadeza propicia la empatía y funciona como un espejo donde resulta sencillo verse reflejada, sobre todo si se han atravesado experiencias similares.
Violeta Zambrano hace de la escucha y la sororidad una forma de acompañamiento, encontrando en el arte otras maneras de relacionarse con el cuerpo y de resistir aquello que lo condiciona. El cortometraje reivindica la importancia de reconocerse más allá del diagnóstico y cuestiona lo que nos han enseñado a pensar sobre nosotras mismas, dejando abierta una última pregunta: ¿cuánto de ese dolor pertenece al cuerpo y cuánto proviene de la forma en que hemos aprendido a mirarlo?