En 1976, durante la última dictadura militar en Argentina, 17 trabajadores de Mercedes-Benz fueron desaparecidos. Unos pocos documentos de su historia sobreviven: algunas fotografías tomadas por sus compañeros, un fragmento de película muda y documentos escritos por policías espías infiltrados en la fábrica con la complicidad del directorio. Entre estos archivos, la imagen de tres mujeres de las que sólo se adivina su nombre de pila y su oficio: taquigrafistas. Mari, una de ellas, es la destinataria de una carta que fabula su pasado entre la niebla de un presente signado por el cierre de la fábrica, luego de setenta años en el conurbano bonaerense.
La taquigrafista
Sinopsis

Reseña
Al ver «La taquigrafista» se experimenta el gusto por la intimidad que provoca la nostalgia. La película transmite el cariño con que se elige recordar a alguien. En este caso, el recuerdo se especula a partir de una fotografía: la fotografía de Mari. Azul Aizenberg escribe una carta a Mari describiéndole la versión que ha imaginado de ella; para ello, se entrevista con algunxs ex-trabajadores de la planta de Mercedes Benz. La directora cree que las historias en el cine deben ser pensadas en plural; por esto, aunque la carta se dirija a Mari es también un gesto para con lxs demás trabajadores, quienes —como ella— paralizaron sus actividades en 1975 durante 22 días en rechazo a las acciones del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) que se encontraba en oposición a una comisión interna disidente, elegida después de una protesta contra las malas condiciones laborales.
La aproximación de Mari, como taquigrafista, a estos intereses es paulatina y orgánica. El escritorio y el amplio campo entre su oficina y la fábrica no consiguen alejarla de la realidad de sus compañerxs, con quienes comparte la ilusión de tener «un trabajo para toda la vida como los autos y camiones que la empresa vende». Al coincidir con ellxs a la hora del almuerzo, en la parada de un bus y al escribir sus nombres en transcripciones de telegramas de despido, el orgullo por su trabajo se transforma en apoyo a la huelga obrera.
Esta película/carta es la construcción de un vínculo hacia Mari por medio del montaje de fotografías y una nostálgica recreación del ambiente sonoro que estas evocan. Este contrauso del archivo en el documental mantiene un trato respetuoso y cuidadoso, y hace pensar en la libertad del found footage. Azul ha reflexionado antes sobre el consumo de imágenes y el cómo empobrece nuestra capacidad de imaginar, mencionando que quizá abrir nuestro campo imaginario no implique producir más imágenes. Esta reflexión puede trasladarse al espíritu de cambio que inunda constantemente la sociedad: quizá el cambio no implique una aceleración constante de procesos, sino un llamado a la pausa, a reconstruir la memoria como el vínculo hacia Mari, en colectivo.
De esta forma, la producción de archivo que es la esencia de esta película es, a su vez, un ejercicio de producción de memoria, un recuerdo que se construye a partir de aquello que falta: no solo la historia de Mari, sino el paradero de 17 trabajadorxs secuestradxs y desaparecidxs.
Por Valentina Muñoz
Azul Aizenberg
- Argentina
- 2026
- 25 min
- Producción: Florencia Azorín
- Fotografía: Magalí Flaks
- Sonido: Esteban Bellotto Kuzminsky, Marilina Giménez
- Montaje: Mario Bocchicchio
Trailer
Funciones
- 30 de octubre / 17:30 HSala Capital, Cinemateca de Bogotá
Estreno internacional
Duración total: 71'

Azul Aizenberg
(Buenos Aires, 1993). Cineasta y docente. Su trabajo explora el archivo desde una perspectiva iconoclasta y la fabulación de la memoria. Desde 2018 dirige «ver y poder», hogar de pedagogías alternativas en cine. Realizó el cortometraje «Las picapedreras» (2021) estrenado en Jihlava IFF y el largometraje «Amor descartable» (2025) estrenado en Doc Buenos Aires. Actualmente desarrolla su siguiente film y cursa la Maestría en Prácticas Artísticas Contemporáneas (UNSAM). Es parte de Cineclub R.A.T.A. Investiga, monta y escribe películas a diario junto a otrxs.






