«Sombras en la niebla» es una oda a la vitalidad y aspereza del Páramo de Chiscas y, así mismo, un homenaje a sus habitantes. Mediante un lenguaje contemplativo y cercano, la obra retrata uno de los ecosistemas más representativos de Colombia y acompaña la labor cotidiana del campesinado dentro de este ecosistema, cuya estrategia es —en vez de luchar en su contra— adaptarse al temperamento de su entorno.
El paisaje —casi onírico— nos sumerge en un trance sensorial: poco a poco nos dejamos atrapar por sus luces y texturas; la neblina que crea islas flotantes, hileras larguísimas de frailejones; el rocío vital en las superficies y la sinfonía de las voces de los animales. La mirada del director embellece profundamente esta tierra, pero también problematiza sutilmente la presencia de esta comunidad de pastores que lleva generaciones allí.
Aunque nos muestra hileras de frailejones, también se pueden ver zonas totalmente desérticas en el páramo: los cientos de ovejas que crean las sinfonías también arrasan con la flora del lugar. La presencia de un niño genera preguntas y tensiones con respecto a las posibilidades de futuro de esta comunidad allí y la incertidumbre de romper con la tradición de generaciones de pastores.