Esta es una invitación a un ejercicio de renacimiento.
Imágenes de archivo familiar de los años 70 que la propia directora no sabía que existían. Con ellas, vuelve al nacimiento, y este acto de mirar abre la posibilidad de un resurgimiento: el nacimiento de su propia hija, la indescifrabilidad entre cada vida y cada parto, la similitud de los rostros entre su madre y la directora. ¿Dónde termina una vida y comienza otra?
¿Cómo nos relacionamos con imágenes de nuestros propios archivos que no podemos terminar de mirar?
¿Cómo editamos un material en montaje que nos atravesó el cuerpo y ahora abre las cicatrices?
Escuchamos un bucle sonoro sumergido bajo el agua, con un halo fantasmagórico de metal doloroso, titilante, pulsante. La mirada la acompaña de cerca, aún consciente de la distancia de nunca poder experimentar aquello que está registrando. La violencia obstétrica pocas veces aparece en una pantalla grande; son apenas fragmentos, pero las huellas de la experiencia corporal dejan claro aquello que no hemos podido ver.
La directora cuenta que prefiere siempre acompañar la proyección cuando comparte la película con alguien. Su renacimiento y el proceso doloroso al que nos invita no pueden dejar de producirnos también una impronta: «un golpe sordo sobre el cuerpo».
Tal vez así iniciamos la vida otra vez.